Pleitos tengas y... los ganes

Le conozco del barrio, de las terrazas en verano y de las cañas de los sábados en invierno. No es mi amigo, ni siquiera nos saludamos, pero le recuerdo alegre y sonriente por lo común. Hoy sin embargo le he visto caminar apresurado, con la cabeza gacha. Evitando las miradas de los vecinos, iba pegando carteles a las farolas y a los árboles. Al leer uno de ellos, "se vende piso", he comprendido su actitud: Está intentado salvar los muebles.

Me voy a tomar un descanso en blogger y estaré por aquí:

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Pedro, mi hijo, es un gran lector y ha pedido en la biblioteca de su colegio que le presten Cuento de Navidad de Dickens. Justo cuando me lo contaban anunciaban en Disney la película con el mismo nombre.

-Ah, ese libro es una adaptación de la esa peli -dijo Felipe.
-Pobre Charles Dickens, me limité a contestar.
Éste que se encamina a su primera decena y su predecesor podrían haber sido dos nuevo siglos de las luces; sin embargo, pese a todos los avances, se proyectan más sombras que nunca sobre la humanidad. Por primera vez en la historia la Tierra está en riesgo de ser destruida por la propia acción del hombre. A nadie se le escapa que corren malos tiempos, y no sólo en lo económico: los hijos no obedecen a los padres, a Obama le dan el nobel de la paz, a Jorge Javier Vázquez el ondas y todo el mundo escribe libros.
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No hay nadie que ame el dolor mismo, que lo busque y lo quiera tener, simplemente por que es el dolor...
La fuerza y la virilidad son femeninos.
Probablemente haya sido el viaje en metro de esta mañana el que ha despertado mi curiosidad por conocer un dato: ¿La población que yace bajo tierra es mayor que la población mundial actual? ¿Cuanto?

Esa pareja de guapos que se hacen arrumacos al fondo del vagón que me cautiva la mirada no es tan especial, ni el escritor más galardonado, ni la chica del calltv, ni los macoquis del gran hermano, ni los zánganos de los políticos, ni la inmigrante que tengo enfrente, ni yo mismo. Como ellos, como vosotros, como yo los hay a miles, a millones enterrados.

La vieja me mandó llamar en cuanto supo que había vuelto.

En cuanto le veas, dile que venga —me dijo con el tono de quien está acostumbrado a dar órdenes.


De acuerdo, se lo diré, pero la verdad es que no para en casa.



Cuando me crucé con él por la calle, le transmití el mensaje. Su rostro arrugado permaneció imperturbable salvo por una ligera mueca del labio superior que se me asemejó a una sonrisa. ¿Qué cuentas pendientes tendrán los viejos? —me pregunté.


Al día siguiente, por la mañana, la encontraron desnuda sobre la cama con una sonrisa de satisfacción congelada, la cara vuelta hacia la ventana y la mirada prendida en el cielo de los vivos. Él volvió a desaparecer y a ella la enterraron en la tierra de los muertos.

He pasado la noche corriendo de terminal en terminal, perdiendo vuelos y bajando de aviones que no llegaban a despegar. No sé muy bien adonde quería ir: Barajas, Heathrow y Orly eran uno solo. Cuando he despertado me ha tranquilizado el hecho de que, al menos, no he perdido mi tren.
Paro apenas un instante y miro en el interior del estanco, luego con paso firme y decidido reemprendo la marcha sintiéndome liberado de la esclavitud de sus horarios. A los estanqueros, un matrimonio cercano a la jubilación, me los cruzo frecuentemente por el barrio. Me saludan y me sonríen pero pienso que piensan en el por qué del fin de mis visitas diarias a su establecimiento. Sus rostros son amables; más que amables serviles, diría yo. Cruzarme con ellos me da fuerzas, sin embargo, por las noches, en mis sueños, se quitan las máscaras y presentan los dos una sóla faz cruel, despiadada y viciosa. Lucho con el monstruo y salgo victorioso. Le he puesto rostro a mi dependencia, la he personificado.
La página de la editorial rdeditores publica hoy mi podcast (o audio post) Adiós. Se trata de un breve poema que se puede escuchar clicando en este enlace.
tan cercana, está lo suficientemente lejos para olvidar lo cotidiano. El árabe suena musical en mis oídos cuando abro los ojos y pronuncias tu recién aprendido saba'al khair. Respondo con un habibi y un beso y, solos tú y yo, nos dejamos envolver por la humedad de ese mar, tan suyo como nuestro, por el tórrido sol de septiembre y por el contraste entre el lujo del hotel para europeos y la pobreza de las calles de los pueblos. Quiero volver a África para recordarnos en el reencuentro; inshala.


Casi nunca puedo quejarme; cada vez que lo intento me encuentro con alguien con más motivos. Sólo me queda la introspección


Incluso en una orgía hay cuestiones de orden. Uno no puede llegar y colocarse donde le de la gana sin correr el riesgo de estorbar, o peor aún, de chocar con alguien y provocar un accidente.


Mi hiperbreve Callejón ha obtenido una mención en el concurso de Relatos Hiperbreves de la Editorial rdeditores.
(A Mercedes, con lisura)

No ignoraba el significado de la expresión, ni el uso que en Francia se le daba; sin embargo, pronunciaba ese simple "lo siento" con desgarro cada vez que le invadía esa tristeza infinita que le arrasaba el alma: je suis désolé —repetía con acento de cabaré arrastrando las palabras, al tiempo que se preguntaba por qué y a quién expresar aquel pesar —.
Difícil despedida
(Podcast)




El contable de la empresa sólo se excitaba si le cuadraba el balance y sonreía pensando en su gran momento: el cierre anual.

PSP

Volvió de la obra y saludó a su hijo que jugaba a la consola. El Madrid que soñó cuando inventó Europa en patera fue realidad por un instante.
El carnicero de rojas manos se cruzó en la cámara frigorífica con la pescadera de cara azul. Se encerraron y se fundieron en un abrazo animal.